DIARIO DE VIAJE

Ayer la última nota de un piano me dío la bienvenida a Irún. Aunque no eran siquiera las 6 de la tarde ya era casi de noche. Me esperaba que hiciera más frío, la verdad, al menos cuando bajé del bus. Mikel llegó puntual a recogerme, con su txapela y su cigarro.
Lo primero fue buscar una pensión, así que empezamos a recorrer las calles desiertas buscando alguna. Encontramos una después de varias vueltas, la pensión “Bowling”, tiene ese aire un tanto cutre y decadente que tanto me gusta, así que me encanta, y además, está cerca de casi todos los transportes.
Después de dejar la maleta salímos andando hacia Hondarribia.  Creía que estaría más alejado de Irún, pero realmente están muy cerca.  La gente del norte es, por regla general, muy guapa, los hombres sun muy atractivos, tienen una apariencia fuerte y transmiten nobleza e inteligencia, muchos hasta parecen nórdicos.
Ayer las calles estaban desiertas y el frío de Hondarribia, húmedo, se te metía en el cuerpo y era casi doloroso. Aun así, me gusta. Siempre me ha gustado el frío, te activa, te hace sentir vivo.
De camino de Hondarribia pasamos por el aeropuerto, es minúsculo, con u nos rótulos enormes, resulta totalmente proviciano. Y los aviones despegan prácticamente por encima de tu cabeza.
Hondarribia resulta un poco de cuento. Es un pueblo precioso, con balcones de madera, calles minúsculas escondidas y tabernas como las que te vienen a la imaginación cuando escuchas la palabra “taberna”.  Conocí al hermano de Mikel y su novia, encantadores. La gente me pareció muy amable e inmediata.Es una amabilidad sin rodeos, sin formalismos, más sincera y menos artificiosa. De momento no he podido probar la comida local, pero los pintxos que tomé estaban riquísimos.
A eso de las 10 fuimos de vuelta a Irún, si no, Mikel no tendría bus para volver a casa, así que, nos despedimos y me subí a mi habitación.
    La habitación de la pensión es pequeña, apenas cabe la cama, y tiene el cuarto de baño aparte. Me puse mi pijama y me metí en la cama, encendí la tele y me sentí muy a gusto.  me pareció buena señal.
En la ETB estaban poniendo “Harry Potter y La Piedra Filosofal”, curioso…
Enseguida apagué la tele y me puse a dormir, era muy pronto, pero sin embargo, estaba muerto de sueño. La ventana de mi habitación da justo a las vías del tren. Por lo visto es un tren ajeno a Renfe y lo llaman “el topo”.
Al poco tiempo de acostarme el radiador empezó a hacer ruido, como si se estuviera llenando de agua y aunque al principio resultaba muy molesto, cuando me acostumbré a su intermitencia, resultaba casi somnifero.
Durante toda la noche he tenido sueños muy extraños y todos relacionados con cosas de ese mismo día. Ya, a primera hora de la mañana, me ha despertado la sirena del primer tren y también me he acostumbrado a que me “cante” para dormir cada cierto tiempo y se turne con el radiador.
Esta mañana tenemos  un día lleno de sol. Todo el mundo lo comenta en la calle. Estoy tomando un café y pronto iré a buscar a Mikel al trabajo.

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