BRAVE

Hay dos expresiones en ingles que me gustan mucho: “baby steps” y “milestone”.

Las dos me gustan por lo eminentemente visuales que son y la potencia que tienen: Dar pasos de bebé no sólo implica ir paso a paso y despacio, sino que tiene incluida en sí la imagen de crecer. El proceso de seguir y seguir aprendiendo constantemente y convertirte en lo que estás destinado a ser.

Milestone no deja de ser un logro, o un hito, aunque literalmente signifique punto kilométrico; pero también me gusta la potencia de la imagen: dejar una piedra tocha en el arcén para que marque algo, un antes y un después, algo que ha ocurrido y que ha quedado ahí, en tu camino para remarcar ese momento.

Mi camino como músico estudiante de música siempre ha sido muy irregular. He tenido épocas de muy buen rollo, productivas, en las que me sentía bien y otras tortuosas, en las que no entendía nada; no le encontraba el sentido a seguir intentando conseguir algo tan complicado y lejano. Eran momentos en los que dudaba constantemente de mí, de mi capacidad para conseguirlo, de tener el menor talento para ser músico y poder componer canciones y en los que todo lo que hacía me parecía un auténtico mojón. (por cierto, “mojón” es otro sinónimo de un punto kilométrico o “Milestone, gracioso ¿eh?).

Sentía una mezcla de vergüenza. miedo y frustración: Me avergonzaba decir que quería ser músico, que soy completamente feliz cuando estoy cantando. Temía parecer un tipo con demasiados pájaros en la cabeza o un mariquita más con ínfulas de artista, que se imagina a sí mismo como la versión masculina de Madonna.

Tenía miedo, miedo a no tener talento, a ser un paquete como cantante o compositor, a no ser capaz de escribir canciones como las que me gustan y tener que admitir que, quizá, la música no fuera lo mío. Miedo a comenzar a estudiar música siendo ya un adulto y sin saber a dónde podría llevarme  un camino tan largo que estaba aun por empezar.

Y frustración por no hacer lo que realmente quería.

Y así se alternaban los periodos de ilusión y actividad con los —cada vez más largos— periodos de postergación y amargura. Durante años y años. Y probablemente no hablo de forma exclusiva de la música.

Bien saben todos los que me rodean que el último año y medio ha sido bastante hardcore en muchos aspectos. Un sube y baja de energías, emociones y sensaciones en prácticamente todas y cada una de las parcelas de mi vida. Y todo este proceso me ha llevado a una suerte de espacio contemplativo; ni mejor ni peor, simplemente empiezo a tomar más consciencia y asistir más a mi vida también como testigo y como espectador en lugar de limitarme a ser exclusivamente un ciclotímico protagonista de una serie de acontecimientos.

Y ahora, con esa perspectiva, recuerdo lo de los baby steps: Cada vez que me siento al piano y no soy capaz de tocar una mierda: baby steps, cada vez que pienso en componer una canción y las únicas palabras que vienen a mi cabeza son “tú te fuiste, yo te quería” o “forever together”: baby steps, cuando llego a casa alguna noche del trabajo y me siento mal porque ese día no he podido practicar: Baby Steps. 

Y con cada repetición de este pequeño mantra y visualizarme dando pasos y pasos en el camino, finalmente he llegado al Milestone. (o mojón).

Llegar a hacer algo así ha supuesto años. Años de todo lo arriba expuesto: de cogerlo, soltarlo, tirar la toalla, recogerla, llorar, reír, querer tirar el piano por la ventana, escuchar discos y canciones millones de veces, fracasar, empezar y volver a empezar, ver conciertos y vídeos en Youtube de la gente a la que admiro y llorar de emoción y frustración.

Y aquí está: completamente imperfecto. Algún desafine por aquí, algún acorde que se me escapa por allá, un dedo que no me obedece más allá y el píe que se me queda dormido en el pedal de vez en cuando, PERO este es probablemente el parto del embarazo más largo de la historia y desde luego que es un jodido milestone para mí. Uno bien grande, enorme.

brave from Carlos Arroyo on Vimeo.

Perdón por la acústica churriguis de mi habitación y la calidad regulera del micro de mi ordenador, pero es lo que hay 🙂

Y todo este recorrido nos trae hasta aquí, hasta el día de hoy: 31 de agosto de 2014. O mejor dicho nos acerca a mañana, 1 de septiembre de 2014. Día en el que comienzo de nuevo a recibir clases de música.

Quiero dedicar este mojón a toda la gente cercana a mí que siempre me ha apoyado y me sigue apoyando en esta cosa mía del cantar y en que sea valiente para seguir con ello y especialmente a Ida, Felipe, Ai, Alex, Mel, Gorka, Raquel, Kris y David. A los pocos profes de música a los que he acudido cuando he reunido el valor. A mis compis de la Microfusa. A Óscar por las maquetas que grabábamos en el cassette en su casa siendo unos críos, a Ricardo por haber compuesto juntos nuestras primeras canciones y a Juan Luís y las chicas por escucharlas.

Y muy especialmente a Miguel. Que llegó a mi vida gracias a la música y que ha sido mi compañero y el principal “hado” padrino y apoyo de este sueño durante el momento más importante, por cuidarme y enseñarme tanto sobre tantas cosas. Y a mi hermana, Margarita, por haberme apoyado SIEMPRE a hacer aquello que yo quisiera, por mucho que nuestros padres se empeñaran en lo contrario, y por enseñarme cada día lo que DE VERDAD significa ser valiente.

Va por vosotros y por las canciones que estén por venir.

7 comentarios en “BRAVE

    • Muchas gracias! uy uy uy, una camiseta con mi cara… Bueno! por qué no? No hay muchas bandas que empiezan con el merchandising antes de tener ni un disco? 😛

  1. Pingback: El Meme de Marina. | KAPERUCITO

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