The Elusive Kaperucito Autumn Tour 2014 – The Castilian Leg (II).

Me desperezo en el sofá, recojo la manta, la doblo y la dejo donde la encontré.

Mientras llega David, cotilleo la actividad Marijose en Albacete y enseguida recibo algún mensaje. Cabe destacar la siguiente conversación:

Sujeto X: “Hola”
Yo: “Hola”
Sujeto X: “Quieres follar? Tienes sitio?”
Yo: “Pues es que estoy aquí pasando unos días y estoy en casa de un amigo”
Sujeto X: “Bueno, pues voy para allá”
Yo: “Es que esta NO ES MI CASA, y además, mi amigo tiene que estar al llegar para comer juntos”
Sujeto X: “Bueno, pues follamos los tres”
Yo: “pero si ni sabes cómo es mi amigo! y si es un callo malayo? en serio estás diciendo que con tal de follar te da igual?”
Sujeto X: “bueno, no será para tanto, a ver mándame una foto”
Yo: “no te voy a mandar una foto de mi amigo”
Sujeto X: “Bueno, no me malinterpretes, si quieres, que tu amigo coma y mientras, tú y yo follamos en el dormitorio.

Así, literal.

Al poco tiempo llega David, abrimos una cerveza –que me bebo yo- Y charlamos mientras él termina de preparar la comida.

Descubrí a David en  Instagram. Su perfil es una chulada culinaria y él y su chico, David (Los Monísimos D²) son la pareja más adorable del universo digital. Comenzamos cruzando “me gustas”, intercambios de GIFs animados en nuestros muros de Facebook y mensajes de Whatsapp buscándome maridos potenciales. Y nos desvirtualizamos este verano, un fin de semana en que David estaba de Rodríguez en Madrid y me escribió para cenar juntos; Fuimos a un japo, tomamos cervezas y nos pusimos movimiento, voz y vida el uno al otro.

Mientras la pasta termina de cocerse y David sigue removiendo la salsa, charlamos un poco de la vida, amor, sexo y mundo gayer.
Es curioso cómo nos hemos hecho tan amiguis en un periodo de tiempo tan relativamente corto.
Ponemos la mesa y vamos planeando la agenda de la tarde: David tiene que volver a trabajar, yo mientras, saldré a dar un paseo y luego nos encontraremos para salir al encuentro de las tan ansiadas cervezas y tapas albaceteñas.

Después de sestear un poco, me echo a las calles y doy un paseo por un parque grande cerca de casa de David. Me siento en un banco, escucho música y me pongo a mirar a la gente que pasa. Me gusta el abuelo del carro de golosinas; limpia con mucho afán el carro con un plumero y a mí me resulta gracioso que le pase un plumero a un carro en mitad de un parque, lleno de polvo, polen y tierra, pero me gusta esa pulcritud y ese espíritu en pos de la buena imagen corporativa.
Entre la gente que pasa, algún que otro intento de hipster a la castellana, mucha señora de perla, corredores, chavales con carpetas y mochilas… En general me gusta la gente albaceteña; no sé si es el espíritu vacacional, que siempre te hace empatizar con los lugareños y encontrarlos especialmente monos, pero en esas estoy, y los tíos me resultan bastante aceptables en un porcentaje relativamente algo. Luego David puntualizará y me dirá que me gustan los gañanes y que seguramente soy gañanfílico. Yo abrazo el concepto encantado de la vida y me imagino Mi Vida Junto a un Gañán.

A media tarde vuelvo al piso para encontrarme con David y, ya sí, empezar la tarde de comadreo. El orden del día es el siguiente:
1 – Ir a la echar gasolina y al Deacathlon para:
– Buscar unas botas de montaña baratas y apañaditas para la senda que tengo que hacer en un par de días.
– Buscar un abrigo/chubasquero que abrigue y sea mono para que David pueda salir del gym por la tarde en el frío invierno albaceteño sin que parezca que viene de vender bragas en el mercadillo.
Salimos con las manos vacías, los dos.

2 – Ir a la estación a comprar Miguelitos de la Roda para la familia de David.

3 – Volver a casa, dejar el coche, los Miguelitos y salir a atrancarnos de cerveza y fritanga.

Vayamos al interesante punto 3:

Después de depositar coche y Miguelitos, salimos y hacemos la primera parada en un sitio que se llama “Pequeño Careta”. Yo, que ya imagino y sueño con todo tipo de platos consistentes en trozos de cerdo churruscados, decido y asumo que se llama así por la careta de cerdo. El Pequeño Careta es el típico bar de barrio, estrecho, con poca luz, y el mostrador de la barra lleno de tapas.

Nos sentamos en la barra, pedimos una ración de zarajos, una ración de rabo frito y cervezas. Mientras esperamos, un hombre sentado al otro lado de la barra pide una ración de ensaladilla. Nosotros contemplamos como la camarera pone una ración de ensaladilla en un plato, lo esconde detrás de la barra, y empieza a pinchar picos de pan encima, primero uno, luego otro y sigue hasta dejar la ensaladilla convertida en una especie de puercoespín de patata, mayonesa y pan. David y yo comentamos y aplaudimos semejante despliegue artístico para presentar una ensaladilla. Mientras llega la comida le cuento a David que Erik me contó que en Huesca a los zarajos los llaman chiretas y que, a raíz del traje de filetes de carne de Lady Gaga, decidimos que formaríamos un grupo de electropop moderno, iríamos vestidos con zarajos y nos llamaríamos Las Chiretas. Nuestras cosas.

Llegaron los zarajos y el rabo frito y me saben a Gloria Bendita. Tengo muchos amigos que aborrecen mi pasión por la casquería churrifritangada y en casi cualquier otra modalidad, pero yo, cada día la disfruto más, así que me seguiré agarrando firmemente a mi devoción por las vísceras y trocitos de animales.

Zarajos. La intensidad hecha mondongo.

Zarajos. La intensidad hecha mondongo.

Rabo Frito. EL APERITIVO.

Rabo Frito. EL APERITIVO.

Después de El Pequeño Careta, vamos dando un paseo a otro bar. El nombre del bar no lo recuerdo, pero la misión estaba clara: TORREZNOS. De camino paramos en el escaparte de unas galerías comerciales de estas que lo mismo te venden pijamas de felpa que cajas de herramientas y que su escaparate es como un viaje en el tiempo a una época indefinida y perpetuamente estancada. Elegimos una bata de guata y un pijama de señora para cada uno y seguimos con la ruta.

También comentamos lo arregladas que van las señoras albaceteñas, que un jueves por la tarde/noche van todas vestidas como si vinieran de tomar el Vermú en el Club de Campo. Y lo más fascinante es que ¡las hijas son iguales! Como pequeñas Marinas Castaño en miniatura.

Llegamos al bar en cuestión y pedimos más cervezas, torreznos y un plato que tenía un nombre que era algo así como “Parrillada de verduras con lágrimas de queso” que acaba siendo un plato GIGANTE de verduras recubiertas totalmente con queso fundido. Todo muy ligero.

Los torreznos son probablemente la cosa más rica que he probado en muchísimo tiempo. Imaginad los torreznos de toda la vida, los que te venden en bolsa. Pero recién hechos, calentitos, blanditos, jugosos… Una delicia.  Acabar con las verduras rebozadas en queso se presenta como una  tarea complicada, pero nada que un zampabollos de mi calaña no pueda conseguir.

I <3 Torrezno - Call Me Torreznette

I ❤ Torrezno. Call me Torreznette.

David, yo y toda mi felicidad después de la ruta de la casquería volvemos dando un paseo a casa y nos vamos a dormir e intentar digerir todo lo ingerido bajo las sábanas.

Cuando me levanto al día siguiente, David ya se ha ido a trabajar, así que me ducho, salgo, desayuno tranquilamente en una terracita, veo pasar más albaceteños. Veo el centro histórico, la catedral y el resto de cosicas dignas de ver de la ciudad. Vuelvo a casa de David para comer y, antes de subir, compro pan, unos Kinder para el postre y le espero en la terraza del Pequeño Careta, tomándome una cerveza a modo de despedida y agradecimiento por las cosas ricas de la noche de antes.

Llega David, nos tomamos otra cervecita al sol, y subimos a comer.

Después de comer, preparamos las maletas: nos vamos a Toledo. David tiene una fiesta a la que acudir y yo me cogeré el AVE de vuelta a los Madriles.  En el viaje vamos en el coche con una amiga/usuaria frecuente de Blablacar de David y nos pasamos un viaje descacharrante descubriéndole el Grindr, el vídeo de las vecinas de Valencia y otras joyas imprescindibles para nosotros. Se queda alucinada cuando le decimos que nos conocemos hace escasos meses porque dice que parecemos separados al nacer.

Llegamos a Toledo, David me deposita con todo su amor en la estación de tren. Yo vivo un momento de tensión máxima cuando el señor de la taquilla me dice “No me gusta dar malas noticias, pero creo que no queda ningún billete para los trenes que quedan”. Luego vivo un momento de divina providencia y consigo EL ÚLTIMO BILLETE DEL DÍA.

Cojo el tren que va repleto de adolescentes mexicanos de fin de curso, todos en esa edad en que están se follan encima, hiperactivos, sudorosos, exudando feromonas y tonteando y toequeteándose todos, jugando a que se pelean. Me pongo música en mi móvil —ajeno que se encuentra próximo a su muerte (informaremos en próximas entregas)— y mirando por la ventana, sonrío feliz porque he descubierto en Albacete muchas cosas que a partir de ahora me serán muy queridas (algunas, más todavía).

6 comentarios en “The Elusive Kaperucito Autumn Tour 2014 – The Castilian Leg (II).

  1. ¡Qué buena pinta ese plato de macarrones a la puttanesca!

    Me ha gustado el post, una buena crónica que me ha permitido acompañarte por los momentos que has vivido en Albacete y, sobre todo, abrirme el apetito y solo tener ganar de devorar la nevera faltando unas horas para la cena 😀 😀

    Abrazos!

    • Jajajajaja! Gracias Javier!

      Me alegro de que te haya gustado la entrada. Aun así sigo sin estar del todo conforme…

      Espero que no vaciases la nevera antes de tiempo! 🙂

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