The Elusive Kaperucito Autumn Tour 2014 – The Castilian Leg (III).

Después de Albacete y Toledo (fugazmente), era menester que el periplo de Kaperucito acudiera la otra Castilla.

Ida decidió celebrar su cumpleaños haciendo senderismo por Peñalara. Cada vez que me proponen un plan de estas características tiemblo y me debato inmerso en una gran dicotomía: Me Gusta, Pero Me Asusta.

Hay una serie de actividades (físicas habitualmente) que me gustan pero me producen pánico. Un pánico derivado de mi extrema torpeza para desarrollarlas.

  • Nadar. Aprendí a nadar con 23 años en un cursillo intensivo en la piscina municipal, en el que era el único que no era una María de más 60 años y 80 kgs. Paradójicamente, me encanta el mar y el agua y sumergirme, pero me dan pánico.
  • Montar en bici. Aprendí un día de pequeño y no volví a tocar otra. Cada vez que monto en una parece que estoy borracho o que me gusta el riesgo. Sin embargo, cuando consigo avanzar 50 metros en línea recta, disfruto mucho. Y siempre me imagino yendo a los sitios en bici, como un hipster barbudo más. Y sobre todo, tengo una bici muerta de risa que compré de segunda mano por culpa de la imagen hipsteriana anteriormente mencionada. En esta sección también podemos incluir los patines y el skateboard (también tengo patines, aunque ahí soy un poco más ducho).
  • Senderismo/triscar por el monte. Aquí necesito puntualizar: El senderismo amateur, por bellos caminos de baldosas amarillas de arenilla, fáciles de caminar, me encanta. Pero cuando empiezan las pendientes, peñas, desniveles y demás historias, de repente soy torpe, mucho, muchísimo, mogollón. Y siento que los dedos de mis píes se encogen y retrotraen. Se repliegan hasta convertirse en muñoncitos y dejar a mis pies desprovistos de habilidad tractora alguna. Pero, sin embargo, disfruto mogollón cuando estoy en el monte/campo.

Total, Felipe y Dani vienen a recogerme a una hora indecentemente temprana para un sábado, recogemos a Alex y vamos hacia la bella Castilla y León. Al llegar al parking ya están esperándonos Ida, Mel y Dani. Ida hace entrega de los adorables packs de alimentos que nos ha preparado a cada uno y comenzamos la ruta. Hace un día de mierda y hay amenaza de lluvia bastante alta, así que estamos prácticamente solos haciendo la senda. Por suerte, la lluvia nos perdona hasta el regreso a los coches.

Durante la ruta compruebo que después de todo, no se me da mal este episodio piedralaril. Voy de los primeros del equipo y sin molestias, (bravo). Después de la primera parada, en la Laguna de las Pajaritos, tenemos dos opciones para ir a la otra senda que lleva a la Laguna de Peñalara:

  1. Volver hacia atrás y retomar la segunda senda en el punto en que el camino se dividía.
  2. Cruzar entre las dos sendas, intentando leer un mapa, campo a través y trepando por peñas.

Hacemos la segunda, claro.

Pero para mi sorpresa, el espíritu montañero sigue poseyendo mi frágil y kaperuzil cuerpo y formo parte del equipo de cabeza. Además, se están viviendo momentos de hiperventilación y angustia por parte de Dani, al que le está costando la vida subir las peñas y que se está imaginando asfixiado vivo en medio de las peñas, sin poder subir ni bajar y devorado por los buitres.

Foto tomada desde la cabeza del pelotón. Equipo intermedio y peñas en primer plano. Equipo de rescate socorriendo a Dani al fondo.

Foto tomada desde la cabeza del pelotón. Equipo intermedio y peñas en primer plano. Equipo de rescate socorriendo a Dani en el punto intermedio. Laguna dejada atrás como fondo inigualable.

Ni qué decir tiene que pasamos cerca de media hora perdidos, subiendo y bajando peñas y con bastantes integrantes del equipo dudando de la capacidad lectora de mapas de los que íbamos delante. Al final acabamos llegando a la senda. Y pudimos comprobar que había una cantidad importante de carteles pidiendo que la gente se ciñera a estar dentro de las sendas para crear el menor impacto al entorno. Vándalos.

Al llegar a la laguna, nos comemos nuestros packs de comida. decidimos que es todo monísimo pero que hace un frío de pelotas y que nos va a llover encima en menos que canta un gallo y salimos escopetados de vuelta al parking.

De vuelta a los coches decidimos bajar a merendar a Rascafría. Yo, siguiendo los mandatos de mis filias, meriendo oreja a la plancha. Y volvemos a Móstoles para tener una velada de pizza y Carcassone en mi casa.

El domingo será día de descanso en casa y el lunes comenzará la última y más intensa etapa de mis vacaciones.

El feliz montañero

          El feliz montañero.

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